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La carrera por desarrollar la vacuna contra el coronavirus ha desencadenado una enorme rivalidad científica entre las potencias del mundo. La meta es ser el primer país en ofrecer una vacuna contra el COVID-19.

Para lograr la hazaña, Rusia ha acelerado sus motores con Sputnik V. Al igual que una decena de aspirantes.

La propuesta de Rusia se encuentra en la tercera fase de experimentación. Sin embargo, Sputnik V ha sido cuestionada por falta de transparencia en el proceso de elaboración, lo cual, es preocupante.

A pesar de esto, Venezuela se convirtió en el primer país de América Latina en recibir el fármaco para realizar los ensayos clínicos en 2.000 voluntarios. De ser exitoso, Moscú y Caracas ya firmaron un convenio para que la vacuna se produzca en ese país suramericano.

Sin embargo, esto ha causado que la oposición se encuentre en desacuerdo, ya que al no ser un proceso transparente cabe la posibilidad de que pueda ser desastrosa su conclusión.

“Los ensayos son importantes para determinar dos aspectos clave: eficacia y seguridad. Para que una vacuna sea eficaz, hay que desarrollar nuevos agentes inmunológicos adecuados al virus y hay muchas maneras para lograrlo», explica el Dr. Michael Knipper, especialista en ética médica y derechos humanos del Instituto de Historia de la Medicina en la Universidad Justus Liebig de Giessen, en Alemania.

“Muchos miembros de la comunidad médica de Venezuela no han recibido comunicación sobre cómo se aplicará este estudio, ni una invitación a conocer de cerca estos datos”, señala la Dra. María Graciela López García, presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología.

«No hay nada más contraproducente para un programa de vacunación que haya desconfianza porque no se alcanzan las coberturas deseadas». Concluye.

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Fuente: Redacción Hoy En Bogotá, Alejandra Ballén.